Noches que saben a whiskey

2 febrero, 2011 at 10:46 (Uncategorized)

Me invitaron a ese lugar, un pequeño bar bohemio, la luz roja alumbraba las pasiones escondidas de los que allí se encontraban, un bolero sonaba para amenizar el lugar. Entramos, ella y yo fuimos a buscar un lugar para sentarnos mientras él iba a la barra a ordenar. Nos alcanzó en la mesa y platicamos sobre cosas poco interesantes, el mesero llegó con las bebidas; él había pedido su tradicional whiskey solo y para nosotras un poco de vodka con jugo de uva.

Llevábamos ya buen rato platicando y riendo cuando sonó uno de sus boleros favoritos y me pidió bailarlo junto a él. Nunca habían estado nuestros cuerpos tan cerca, sus brazos rodeaban mi cintura al tiempo que guiaba mis pies según el ritmo, cada ciertos compases nos separábamos para hacer una de esas “vueltas” obligatorias, pero era pronto el regreso para acercar cada vez más nuestros cuerpos, mis brazos rodeaban su cuello y los suyos me apretaban cada vez más fuerte, éramos ya uno solo moviéndonos al ritmo que marcaba la música. Levanté la vista y él me recibió con un beso, un beso que jamás había existido, un beso que sólo estaba en sueños, un beso idealizado, un beso que aún recuerdo sobre mis labios.

Terminó la música, regresamos a la mesa donde estaba ella esperándonos con su copa vacía, sonrío y dijo que debía retirarse, asentimos y sin más, se fue.

Bailamos dos piezas más y volvimos a platicar, una chica llegó y aún no sé por qué vacié mi copa y me alejé con ella, dejándolo en ese bar donde nos habíamos unido de nuevo. Caminábamos para alejarnos de ahí cuando noté que había dejado mi gabardina, regresamos y ahí estaba él, buscándonos. Me acerqué y él me abrigó con aquello que había olvidado, sus brazos.

Ella también se había marchado sin decir adiós, caminé con él buscando como regresar a casa, él saludó a su paso a varias personas que le hablaban con bastante familiaridad, su brazo jamás dejó de rodear mis hombros “¿A qué hora debes llegar?” me susurró al oído, sonreí y contesté que aún tenía un poco de tiempo. “No conoces este lugar de noche ¿cierto? Es realmente hermoso” decía mientras caminábamos guiados sólo por él. Su mano, hasta entonces apoyada en mi hombro, a momentos jugueteaba con mi cabello, a momentos resbalaba acercándonos a la tentación.

Volvimos a besarnos… desperté.

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Un accidente fortuito 4

1 agosto, 2010 at 17:18 (Uncategorized)

Idea original: Ilse

Desarrollo: Ilse, Alfredo.

Edición: Alfredo

Ella: Morado. Él: Verde.

~

¿Alguna vez han sentido que hay demasiado ruido y quieren decir algo que pase desapercibido, pero en ese momento todo el mundo se queda en silencio… ustedes abren la boca y se vuelve un momento incómodo?
Pues eso sentí justo cuando terminé de pronunciar la última frase.
La palabra que define el momento es: Acorralado.

Me quedé callada mientras evaluaba la situación, por una parte había encontrado mis lentes pero por la otra, parecía que estaban rotos.
-¿Reparados?,¿Qué les pasó?,¿Cuándo te los darán?-
Otra vez, demasiadas preguntas pero yo quería respuestas.

Por un momento me sentí atacado… pero pensé que estaba totalmente justificada.. vamos ¿qué pensaría yo si un extraño se acerca diciéndome que tiene mis lentes y que los estan reparando?
- La mica del lado izquierdo estaba rota, y me permití llevarlos a reparar con la misma graduación… me dijeron que estarán la próxima semana – respondí con la mayor tranquilidad que pude – si me demuestras que en verdad son tuyos, te doy la nota de la óptica para que puedas recogerlos.
Pensé lo que acababa de decir y creí que había sido bastante sensato. Tampoco iba a darle los lentes a alguien que quizá me estuviese timando.

Hablaba tranquilamente, supuse que no había sido con mala intención… pensándolo bien, ¿quién rompería unos lentes a drede?, no le veía mucho sentido a esa teoría.
- ¡Qué bien! Los mandaste a reparar con la misma graduación- dije sonriendo – lo que pasa es que es un poco extraña y sinceramente… no la recuerdo-
¿Cómo iba a demostrar que eran mis lentes si ni siquiera recordaba la graduación…? Lo más sensato que se me ocurrió fue decirle lo siguiente:
- Creo que reconocer la funda es una prueba para demostrar que son míos ¿no? – Me sentí tan boba después de decir eso… yo no lo creería.

Sentí que los papeles se invertían. Yo estaba recuperando un poco el aliento y la confianza… pero ahora ella parecía nerviosa; al menos sonreía… y por cierto: tenía una linda sonrisa.
- ¿La funda? ¿Cómo puedes probar con la funda que son tuyos? – le pregunté.

No era justo, yo tenía el control de la situación, ¿cómo terminé siendo yo la “culpable”? Pero… ¿qué más podía decir?
Me quedé pensando un momento, pero la verdad es que no se me ocurría nada.
- Bueno, entonces ¿qué se te ocurre para que pueda demostrarte que son MIS lentes?- fué lo único que se me ocurrió.

Mi palabra “acorralada” encajaba perfectamente ahora en ella. Me sentí culpable. Pude recordar que al probarme los lentes en la mañana, sentí una textura rara en los soportes de los lentes… inclusive cuando enderecé la intersección noté un par de puntos. Intentando con ese recuerdo, le dije:
- Los lentes tenían un grabado, dime ¿en dónde? y para verificar, ¿qué dice el grabado? -

¡Qué tonta!, ¿cómo pude olvidar ese detalle incluso yo misma lo había planeado para casos como éste?.
-¡Ah! eso es fácil, en los soportes dice “Serendipia”- Dije orgullosa.
Me sentí tan aliviada al recordar eso que me relajé, no harían falta más pruebas.

- Me refería al grabado del otro lado… Serendipia es la marca de los lentes… lo pone en la funda, eso no me sirve – le dije.

Me molesté un poco, pensé que tenía todo solucionado.
- Sí vale, no alcanzo a leer lo que dice la funda ¿recuerdas? – Quise decirlo seriamente pero no pude evitar reírme de mis palabras – Ok, del otro lado dicen “Ilse”, es mi nombre, ¿qué otra prueba quieres? – le respondí.

Sin querer, había obtenido su nombre: y era un nombre bastante bonito.
- Muéstrame alguna credencial en la que pueda corroborar que en efecto es tu nombre – le dije.
Mi mente comenzó a flotar pensando que iba a mostrarme su credencial de elector, y que con un poco de suerte, memorizaría su dirección. ¿Para qué? No lo sé… de momento solo estaba pensando en muchas tonterías, pero nada sensato.

Qué bien, la lista de mi solo traía consigo la credencial de la biblioteca, no tenía foto. No estaba segura de que bastara como prueba, la saqué de mi cartera y se la extendí.
- Es la de biblioteca, ¿ves? ahpi dice Ilse- señalé.

Me mostró su credencial provisional de la biblioteca… de esas que no tienen foto y te dan en lo que está lista la tuya. Sentí que ya era mucho exagerar la idea de que una chica cegata tuviera una credencial con el mismo nombre grabado en unos lentes extraviados. Definitivamente, eran suyos.
- Vale, no hace falta señalar ya lo he visto. Acepto, son tuyos. ¿Quieres el recibo? –

Algo dentro de mi esperaba que él no me creyera, esa conversación que parecía más un interrogatorio había despertado mi curiosidad sin mencionar que yo creía conocerlo. En ese momento tuve lo que creí una buena idea.
-Pero yo no sé dónde está esa óptica y tengo un pésimo sentido de orientación- me ruboricé un poco antes de continuar – ¿podrías llevarme?-

La respuesta que me dió fue bastante… sorprendente, por no decir extraña. La palabra inesperada era la que mejor cuadraba en la situación, sí: inesperada. No supe como reaccionar, y opté por una salida rápida.
- Pues si quieres, te dejo el recibo, te llevo y muestro el lugar… así podrás recogerlos la próxima semana.
El nerviosismo acudió de nuevo al inequívoco llamado de una situación inesperada a punto de salirse de control.

No estaba segura de que fuera prudente pedirle a un completo desconocido que me llevara a un lugar que no conocía, la seguridad infantil no estaba muy presente en mi sistema.
- ¿Puedes llevarme hoy? o ¿qué día puedes? -

- Sí, puedo llevarte ahora mismo si así lo deseas… tengo el día libre. O si prefieres, hasta dentro de una semana… como tú me digas. – contesté

- Pues vamos – no pensé lo que dije, simplemente salió de mi boca

- Claro-
Un par de segundos después, noté que seguíamos ahí parados, mirándonos como tontos sin movernos. “¿No pensará moverse?” me pregunté… pero la lógica golpeó mi nuca avisándome que yo era el guía esa tarde.
- ¿Te gusta caminar? – le pregunté.

Estaba yo ahi parada. Esperando que mi guía avanzara.
- Sí, amo caminar -le contesté.

Y entonces, salimos de la biblioteca.

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Capítulo Cuatro.

~ Ilse & Alfred ~

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Un accidente fortuito 3

1 agosto, 2010 at 17:17 (Uncategorized)

Idea original: Ilse

Desarrollo: Ilse, Alfredo

Edición: Alfredo

Ella: Morado. Él: Verde.

~

- ¿Los tienes? – pregunté ansioso.
- ¿Qué dices? ¡Que si los tengo! Jojojo. – dijo burlonamente, pero de inmediato me miró serio – ¿Cuándo te he fallado eh? Dime. -
- Lo siento Ed, llevo algo de prisa. Sabes que no dudo de tí -
- ¡PEG! – gritó mientras hacía una seña victoriosa con el brazo levantado.
- ¿Cuánto te debo? – pregunté.
- Lo de siempre, nada. – respondió.
- Quédate con el cambio – contesté.

Una sonrisa invadió mi rostro y el de él. No se cuantos años llevábamos con esa rutina de diálogo, pero seguía dándome mucha risa cada que volvíamos a hacerla.

Miré un momento a mi amigo y él asintió. No tenía la menor idea de lo que estaba por hacer, pero como siempre me dió su aprobación.

Salí de su imprenta. Enrollé los volantes, metiendo la mitad en uno de mis bolsillos y la otra mitad en el otro bolsillo. Observé hacia arriba y tomé aire.

Dí vuelta en la primera calle y entré a un local. Se trataba de la óptica.

Me atendió una señorita bastante amable y me dijo que los lentes tardarían una semana en estar listos. Me advirtió que no era correcto mandar repararlos tal cual con la misma graduación y que era preferente que me hicieran una revisión antes para certificar que la graduación era correcta.

Lo primero que me vino a la mente fue decirle que no hacía falta, que mi abuelita había usado la misma graduación desde hace muchos años y que para mí era ya rutinario ir a repararle los lentes.

Firmé una hoja responsiva en la cual la óptica se deslindaba de cualquier responsabilidad de molestia en el usuario en caso de que hubiese que realizar una variación de la graduación.

Salí de la óptica y observé la funda que aun estaba en mi poder. Un impuslo me hizo correr.

Comenzó una carrera hacia la biblioteca. En realidad no debía correr, pero algo me incitaba a hacerlo… algo me decía que se acababa el tiempo.

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Caminaba sin rumbo, otra vez, miraba a la gente haciendo sus rutinas de ejercicio; yo ya había ganado algunos kilos de más en estas vacaciones pero lo cierto es que no pensaba hacer ejercicio para “verme bien”.
La música me mantenía en un humor tan aleatorio como el reproductor lo permitía, yo solo seguía caminando y “bailando” al compás de lo que escuchaba, cerré los ojos para imaginar distintos escenarios hasta que – fíjese por dónde va señorita- me interrumpió una voz grave, ni siquiera volteé… simplemente dije – lo siento.


¿Qué más podría hacer?, me habían quitado “mi” columpio, en mi casa no había nadie y no planeaba volver para simplemente hacer “quehaceres”. Una idea atacó mi mente “estás enfrente de una biblioteca, ¿por qué demonios no sacas un libro?”

Regresé sobre mis pasos para llegar a la biblioteca, tenía ganas de leer una novela que nada tuviera que ver con la psicolgía; mi libro favorito de todos los tiempos es “El Vagabundo de las estrellas” de Jack London, me pregunto si lo tendran.


Fui a las computadoras, donde tienen el registro de libros, tecleé J-A-C-K-L-O-N-D-O-N. ¡Perfecto! tenían solo un ejemplar del libro que yo buscaba y no estaba a préstamo, seguro lo encontraría; traté de memorizar la clave para poder buscarlo.


Llegué a los estantes, en mi camino ya había visualizado el perfecto lugar donde me sentaría a leer, por un minuto me sentí intimidada ante tantos libros pero instantes después comencé mi búsqueda…

No había nada


En el lugar donde debía estar el libro, solamente había un libro sin título que no quise ver; tomé un tomo de “El llamado de la Selva” del mismo autor como “premio de consolación” y regresé al lugar que ya había seleccionado.

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Sentí que el aire dejaba mi pecho, así que paré un instante a respirar.
Levanté la mirada: tenía la biblioteca enfrente de mí. El mismo instinto que me había hecho correr me decía ahora que ya podía caminar.
Revisé mis bolsillos y noté que los volantes aun estaban en buenas condiciones… un poco arrugados pero leibles.
En el pequeño parque, un niño encima del único columpio utilizable que quedaba cantaba algo que parecía una burla más que una canción.

No le dí mucha importancia y entré a la biblioteca. No sabía por donde comenzar, así que dejé un volante en el mostrador de la recepción. Me arrepentí y lo tomé: si de casualidad la señorita que atendía recordaba que me había llevado los lentes y ahora avisaba que los había encontrado, tendría problemas nuevamente.
Decidí entonces repartir los pocos volantes en las mesas de la biblioteca. En la primera mesa había solamente niños pequeños así que omití dejar volante ahí.
-¿Tú eres el que te caistes ayer verdad? – dijo un niño que reconocí de inmediato.
- No, vistes mal ayer y también escuchastes mal que lo que dijistes está mal dicho. ¿Oistes? – le dije burlonamente.
El pequeño se me quedó mirando con una expresión que no pude decifrar pero que seguramente fue un “tú estás tonto”.
No recuerdo mucho de las siguientes 3 mesas, pero dejé volantes en ellas.
Después, una mesa vacía. Sorprendente que no hubiera una sola persona ahí. Voltée y ví a una chica entre los estantes. Seguramente ella ocupaba esa mesa, así que me dirigí a ella.

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- ¡Hola! – le dije.

Escuché un “hola” lejano. No conocía a nadie por aquí, así que seguí leyendo.

La chica me ignoró y pensé en pasar de ella dejándole el volante en la mesa.
Pero la forma en que forzó sus ojos mientras leía lo que tenía entre manos me obligó a insistir.
- Buenas tardes, disculpe, señorita… -

La voz insitió y volteé; mis ojos me dolían (en verdad extrañaba mis lentes) así que no distinguí bien al chico que hablaba conmigo.
- Hola- contesté.

Volteó y respondió. ¿Alguna vez han sentido un choque?. Digamos, como si alguien golpeara su cabeza y los desconcertara instantáneamente. Así me sentí cuando me miró.
- Toma, un volante. Encontré algo que alguien perdió y estoy repartiendo volantes – dije (como niño bobo).

Cuando mis ojos pudieron enfocar vi en él algo conocido… pero no estaba segura de qué. Es extraño su mirada me atrapó por breves segundos mientras él hablaba.
- ¡Que coincidencia!, yo perdí algo ayer- dije mientras tomaba el volante que me extendía.

- ¡Ah! – dije. Mi cerebro mandó una señal incitándome a decir algo más inteligente, pero la ignoré – Entonces quizá sea tuyo lo perdido que encontré y no se de quien sea. -

Dicen por ahí que la primera impresión es la más importante. Yo creo que no… pero no sabía ¿qué pensaba esa chica? Y en esos momentos, tampoco tenía idea de ¿por qué estaba reaccionado yo así?.
La poca inteligencia que me respaldó en ese momento dictó más palabras que salieron de mi boca:
- Ojalá encuentres lo que perdiste –

No pude evitar soltar una risita ante su respuesta, me ruboricé un poco, no quería que él pensara que me estaba burlando pero en verdad me parecía un chico gracioso.
Se veía algo nervioso y yo seguía pensando que ya lo había visto en algun lugar antes.
- Gracias- le dije mientras miraba el volante
- lo siento pero… ¿qué dice aqui? no quiero ser grosera pero me dulen mucho los ojos, desde ayer no tengo mis lentes y me hacen falta-

Mi cerebro respondió (¡gracias!).
- Oh pues curiosamente el objeto que encontré son unos lentes –

- ¿Encontraste unos lentes?, ¿En una funda lila?, ¿Dónde estan?, ¿Los tienes? – Paré en seco, eran demasiada preguntas en un muy breve lapso de tiempo y no quería asustarlo.

Definitivamente el choque de mi cerebro había sido por algo.
- Pues, yo veo morada la funda… pero sí es posible que sean tus lentes – respondí – y sí, los tengo. Pero no conmigo.
Saqué de mi bolsillo la funda y se la extendí…

De momento lo vi un poco asustado, pero al ver mi funda en sus manos no le di importancia.
- ¡¡Mi funda!! Sí, son mis lentes- hice una pausa- Si tú tienes la funda,¿dónde estan mis lentes?- dije con una mirada acusadora, no pude evitarlo en verdad extrañaba mis lentes.

- Tus lentes, estan siendo reparados – respondí sin estar muy seguro si en realidad debía responder.

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Capítulo Tres.

~ Ilse & Alfred ~

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Un accidente fortuito 2

1 agosto, 2010 at 17:15 (Uncategorized)

Idea original: Ilse

Desarrollo: Ilse, Alfredo

Edición: Alfredo

Ella: Morado. Él: Verde.

~

No supe si había amanecido ya. La cabeza me dolía y mi garganta estaba reseca. Creo que la “bañada” de ayer me había afectado.
Abrí los ojos: lo primero que ví fue la funda y los lentes rotos. Todo acudió a mi memoria.
Con más nitidez que ayer, evoqué el momento en que una mirada se cruzó con la mia y descubrí que esa mirada llevaba lentes. ¡Ah!, entonces los lentes me habían mirado ya. Pero seguí sin recordar el rostro de esa persona.


Sin saber el porqué, tomé los lentes rotos y los examiné. A excepción de una mica rota y la intersección doblada, estaban en perfecto estado.
Con mis dedos doblé nuevamente la intersección hasta darle una forma parecida a la que debería tener normalmente. Me puse los lentes… me sentaban a la perfección.


Era gracioso el pensar que llevaba puestos unos lentes que menos de 24 horas atrás me habían observado, unos lentes que había encontrado quizá por error, unos lentes que se habían enterrado en mi ¡auch! había olvidado que mi brazo me dolía… y unos lentes que habían provocado mi detención en la biblioteca.


Nunca hubiera imaginado que unos lentes pudieran causar tantos problemas.

Estornudé. Lo primero que vino a mi mente fue mi madre diciéndome la noche anterior: “¡báñate, te va a hacer daño esa mojada!”.


¡Cuánta razón tenía! pero yo había preferido irme a dormir directamente.

Abrí la puerta de mi habitación y me asomé por el pasillo, aparéntemente, el baño estaba disponible.
Tomé de encima de mi cama la toalla y sin muchas ganas caminé hacia el baño.
- Ejeleeeeeeeeeeééé lentoooo – dijo una vocecita a mi lado.
Uno de mis sobrinos pasó corriendo, entró al baño y cerró la puerta.
¿Qué hacía ahí mi sobrino?


Puse atención entonces y noté que en el piso de abajo se escuchaban voces. Distinguí la de mi cuñado platicando con mi madre.

¡Ah, tenemos visitas!

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Desperté con más dudas todavía pero hoy no estaba dispuesta a pensar, quería apagar mi cerebro ¿se podrá?.
Salí de mi cuarto; esperando encontrar a mi mamá en el comedor pero justo antes de cruzar la puerta recordé que ella, mi papá y mi hermano habían salido de viaje la tarde anterior; me arrepentí de no acompañarlos, realmente me sentía sola.

Tomé el teléfono para llamar a una amiga, marqué el número e inmediatamente llegó a mis oídos la grabación de su contestadora, ¿debería llamar a alguien más o verlo como una señal?
Realmente opté por ignorar todo, un ruido en mi pancita me decía que debía desayunar ¡ya!.

Fui por un plato para llenarlo con cereal; mientras mi desayuno obtenía la consistencia perfecta fui por el libro, era su última oportunidad antes de ser devuelto.

Mientras desayunaba buscaba en el índice del libro algo relacionado con los sueños, solo encontré cosas como los arquetipos de Jung y los problemas sexuales de Freud, pero nada que yo pudiera relacionar con mis problemas, asi que cerré el libro y me dispuse a continuar con mi día.

Fui a la sala, prendí la tele y cuando me senté para verla solo pude ver manchas… mis lentes… mis lentes… ¡mis lentes!

Listo, ya tenía que hacer, el plan para hoy: ir a la biblioteca a entregar el libro y preguntar si algun alma caritativa había encontrado mis lentes.

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Esperé junto a la puerta del baño por espacio de 15 minutos. No quiero ser indiscreto pero mi sobrino tarareaba “La Patita” de Cri-Crí mientras hacía no-se-qué en el baño. Al fin se abrió la puerta y el pequeñín tomó mi mano y dijo:
- Juguemos videojuegos -
Pensé un momento y le dije: – No, lo siento hoy no puedo-
- Mamááááááááááá, mi tío no me quiereeeeeeeeeeeeeee – gritó el pequeño escuincle.
Vino a mi memoria la imagen de un amigo, el cual alguna vez me platicó sobre su pequeño sobrino obligándolo a jugar videojuegos y privándolo de sus salidas y diversiones.
Escuché pasos y vi que por la escalera aparecía mi hermana.
- Buenos días – dijo ella
- Hola… perdona, no sabía que iban a venir y he hecho planes – le dije
- No te preocupes, estamos de pasada solamente. ¿Te sientes bien? – respondió.
- Sí, solo un poco cansado, quizá me resfríe pero nada importante – dije.


Me miró dubitativa, pero no le dió mayor importancia. Tomó a mi sobrino de la mano y le dijo algo que no alcancé a escuchar mientras cerraba la puerta del baño.

Puse mi toalla encima de la taza de baño y al mirar el espejo me dió un ataque de risa. Mi sobrino había intentado escribir algo con la pasta dental, pero era tan ilegible que lo poco que decifré decía “olatodoz llasecribir eee”.


Abrí la llave de la regadera y dejé correr un poco de agua en lo que comenzaba a caer caliente. Nunca me he detenido a pensar el por qué no tolero el agua fría… pero hoy tampoco iba a hacerlo. Me desvestí y observé la herida en mi brazo. En realidad no era nada de que preocuparse, pero parecía que tenía un diminuto fragmento de la mica enterrado. Lo retiré y sentí una punzada que me hizo girar el codo.


El movimiento en falso, provocó que me golpeara el codo en la esquina del toallero. Grité y en menos de 10 segundos mi madre abrió la puerta.


- ¿Estás bien? – dijo ella
- ¡Mamá, por favor, estoy desnudo! – le grité mientras me tapaba rápidamente con la toalla.
- Soy tu madre: Como si no te conociera desde pequeño… ¿estás bien? – preguntó de nuevo.
- Sí, gracias. Solamente me golpee el codo sin querer -
- Ten cuidado. – dijo mientras cerraba la puerta, dando un último vistazo al baño
- Oye, ya no eres un niño pequeño, ¿por qué hiciste eso en el espejo? – añadió
- No he sido yo, ha sido el pequeño demonio que tienes por nieto.
- Él ni siquiera alcanza el espejo – sentenció mi madre cerrando la puerta de una vez.


Era cierto, él no alcanzaba ¿cómo lo había hecho?.


Mi codo sangraba. El vapor del agua caliente comenzaba a llenar el baño, así que entré a la regadera y dejé que el agua hirviendo quemara mi espalda. ¡Vaya! ¡Qué reconfortante era esa sensación!

Dejé que el agua escurriera por mis hombros, llevándose las pocas gotas de sangre de mi codo. Ni siquiera sentí el ardor en la herida. Mis pensamientos regresaron a la biblioteca y a todo mi día anterior. ¿Qué tipo de mirada era esa? ¿Por qué me tenía tan impactado?


Con el agua llegaron más preguntas, y más ideas. Y con la misma claridad del agua, llegó una respuesta: Debía volver a la biblioteca para devolver esos lentes.

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Terminé el cereal y fui a vestirme, ir en pijama a la biblioteca no era una muy buena idea; tomé el primer pantalón que vi y lo combiné con una sudadera; tomé las llaves y salí. Llevaba ya tres cuadras cuando me di cuenta que había olvidado el libro en casa, regresé corriendo por él y continué con el plan.


Pensé en tomar un camino diferente pero me di cuenta que solo sabía llegar caminando, había pasado una hora y yo no llegaba ¿en verdad perdí tanto la noción del tiempo ayer?


Llegué al parque, debía estar cerca, unos minutos más y la biblioteca apareció frente a mi. Al ver la entrada reocrdé al chico que había llamado mi atención, ésa fue la última vez que tuve a mis lentes conmigo, realmente espero que alguien los haya encontrado y los haya dejado en recepción ¿quién quiere unos lentes con una graduación tan extraña?


No creo que alguien más tenga esa graduación, mis amigos dicen que se marean al ponerselos; en fin.


Entré y fui a la recepción a dejar el libro.

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Terminé de bañarme.

Limpié el espejo y observé mi rostro. Me veía un poco demacrado, eso quizá explicase que mi hermana hubiera preguntado si me sentía bien.

Definitivamente el agua caliente me había sentado de perlas, otra vez tenía ganas de una nueva aventura. Y no es que en mi vida tuviera muchas, pero definitivamente el día anterior había sido una de ellas. Noté que en la tapa del escusado había un par de huellitas de zapato enlodado. ¡Ah! eso inculpaba al pequeño criminal raya espejos… sin embargo me pareció absurdo intentar culparlo después y limpié las pruebas. Solo era un pequeñín divirtiéndose.

Salí del baño, entré a mi cuarto y me vestí. Es ridículo, pero mientras me vestía guardé los lentes en su funda; sentí que me observaban.

Sin pensarlo mucho, cual acto reflejo tomé el teléfono y marqué un número mecánicamente.

-¿Diga? – contestó la voz de un joven.

- Buenos días – dije yo.

- ¡Ah! Eres tú, ¿Cómo estás? – respondió el joven.

- Bien, gracias. Oye disculpa… no quiero sonar grosero, pero necesito un favor urgente. – apunté.

- ¡Claro! ¡Lo que necesites! Tú siempre has sabido que eres un gran amigo un excelente cliente de la imprenta Fragoletti. –

- ¿Podrías imprimirme unos 15 o 20 volantes que digan: “Encontré lentes en funda morada, llamar a este número”? – pregunté.

- Bah, son poquísimos. ¿Para cuándo? – dijo riendo mi amigo.

- Para dentro de 5 minutos. – contesté con la adrenalina a flor de piel.

- No jodas, ¿es en serio? – dijo ya en tono más serio.

- Sí. Paso por ellos ya mismo, te pago el doble de la tarifa normal si es necesario. –

- ¿Qué traes entre manos? – inquirió.

- Luego te explico. – dije y colgué antes de recibir más preguntas.

Apenas noté que en la pantalla del teléfono aparecía la leyenda “Llamada finalizada” tomé mis llaves, credenciales, teléfono y los lentes. Bajé corriendo las escaleras.

- Adios Má, adios Pá, adios a todos… los veo más tarde. – dije al cruzar la puerta.

- ¿A dónde vas? – gritó mi madre.

Pero ya era demasiado tarde, yo ya corría calle arriba.

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La señorita de recepción me atendió muy rápido, yo recordaba que era bastante ineficiente… me avergoncé de mis recuerdos.
-Señorita, disculpe . -
- ¿Si? – contestó muy fríamente.
- Ayer perdi mis lentes aquí y me gustaría saber si no vino nadie a dejarlos-
- No, no ha venido nadie- dijo un poco molesta y añadió – Ten más cuidado con tus cosas. -
Por un momento imaginé a mi madre diciendo las mismas palabras y acto seguido llegó a mi mente el regaño que tendría preparado para mi cuando descubriera que había extraviado mis lentes con todo y funda.

Tenía que recuperarlos o inventar una muy buena excusa.


- ¿Vas a hacer algún otro tramite?- preguntó la chica de recepción sacándome con una patada de mis pensamientos.

-No, ya es todo, gracias-

Antes de voltear pude notar como ponía los ojos en blanco, ese gesto que tienen casi todos cuando estan desesperados.


Encendí mi reproductor de música y subí todo el volúmen, no quería pensar en nada más que en la música recorriendo mi cuerpo como si ésta viajara junto con mi sangre.


En cuanto puse un pie fuera del edificio comenzó una de mis canciones favoritas ” Si volviera a nacer, si empezara de nuevo” cantaba en voz baja mientras caminaba hacia el parque “A veces te mataría y otras en cambio te quiero comer” continué cantando.


“¿Cómo decirte que me has ganado poquito a poco?, tú que llegaste por casualidad”

He de admitir que a estas alturas de la canción yo ya la gritaba mientras me balanceaba en un columpio, no me importaban las miradas curiosas, yo estaba feliz escuchando esa melodía; cómo me gustaría que alguien la cantara para mi.

Un pequeño se acercó justo al final de la canción y me miro como pidiendo usar el columpio, movida más por mis principios que por mi voluntad, me levanté y fui a caminar alrededor del parque.

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Capítulo Dos.

~ Ilse & Alfred ~

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Un accidente fortuito 1

1 agosto, 2010 at 17:13 (Uncategorized)

Idea original: Ilse

Desarrollo: Ilse, Alfredo

Edición: Alfredo (ojo, si hay faltas de ortografía es fallo mio porque se supone que revisé antes de publicar XD)

Ella: Morado. Él: Verde.

~

Abrí los ojos. He de reconocer que me quedé dormido. No se ya cuanto tiempo he pasado sentado en esta misma silla; esperando lo mismo. Dijeron que no tardarían mucho, pero la última vez que miré el reloj habían pasado ya 3 horas.

Al menos conservaba mi reloj…

– ¡Tú! “chicoladrón”, ven aquí. – dijo la señora del otro lado del mostrador.
Fruncí el seño, no me agradaba que me llamaran “chicoladrón”.
- Ya revisamos el sistema, en efecto no tienes antescedentes. – me dijo seria, pero de un instante a otro cambió su semblante por otro muy distinto: una sonrisa.

- Es más, al contrario de lo que pensabamos, eres un gran usuario de la biblioteca, nunca te has atrasado en alguna devolución, nunca has maltratado un libro, inclusive has hecho varias donaciones. Parece que será sencillo creer que esto ha sido un error y tu intención no era sustraer el libro de la biblioteca. -

Sonreí. Creo que después de todo, respetar las reglas después de tantos años me sirvió de algo.
- Toma, te devolvemos tus pertenencias. Dada tu constancia como usuario no crearemos un perfil por el “accidente”. Se más cuidadoso. – finalizó ella.

Tomé mi teléfono, mis credenciales y mis llaves. No pude evitar mirar a la señora y decirle “Gracias”.

Salí del mostrador, y miré al vigilante de la entrada.

- Lo lamento – le dije. – Fue un error, no volverá a ocurrir.
- Anda, vete ya. – me hacía señas indicándome que saliera.

El fresco aire del atardecer me dió de lleno en el rostro. ¡Qué grato era ser libre nuevamente!. Me pregunto ¿qué sentirán las personas que pasan años encerrados? culpables o no, debe se terrible.

Caminé sobre la acera tratando de recordar el motivo de toda la revuelta.
Me detuve en seco: había dejado la funda con los lentes rotos en la biblioteca.

No supe si regresar por ellos o irme a casa.

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Necesitaba volver a mi casa y no tenía la mínima idea de dónde estaba, había llegando caminando pero realmente no estoy segura de cuánto tiempo había pasado ya.
El cielo comenzó a llenarse de nubes grises, una tormenta estaba cerca y yo no contaba con el efectivo suficiente como para darme el lujo de tomar un taxi.
Tal y como acostumbro empecé a preguntar por alguna calle que conociera o alguna parada de autobus para poder llegar a mi destino; traía un libro que no era mío bajo el brazo y considerando que era mi primer préstamo de la biblioteca no quería que se dañara.
Un vendedor de revistas me dió indicaciones para llegar a la parada de autobuses más cercana, guiada por uno de estos “gurus del camino” pude encontrar la forma de volver a casa; desafortunadamente el camión que yo debía tomar había salido ya y el próximo tardaría al menos 30 minutos en llegar, no se diga en partir.
Me senté junto a una señora que al parecer esperaba el mismo camión que yo, me miró extrañada, supongo que debí verme muy desorientada, jamás había estado es ese lugar. Abrí el libro que traía conmigo y empecé a leer.

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Ya eran bastantes incógnitas en mi día como para dejar un hilo suelto demás.

Volví sobre mis pasos.


El vigilante me miró de reojo cuando entré de nuevo.
- Señorita, disculpe dej… – comenzé a decir.
- Niño despistado, olvidaste tus lentes y tus pañuelos. – se adelantó a decirme.
- En realidad no son mios… – respondí sin pensar.
- ¡Ah! Entonces no te los doy – contestó mientras reía.
Rápidamente busqué una respuesta lo bastante creíble para safarme de mi impulsividad.
- Me refería a los pañuelos desechables… seguramente alguien debió dejarlos en el mostrador – mentí (en realidad sí eran mios).
- Hoy día la gente es tonta, es tonta, pierden todo, son tontos, sí. – dijo una señora mayor que estaba detrás de mí – pero más tonta yo por perder mis pañuelicos – añadió y tomó mi paquete de pañuelos…
Me sorprendió bastante el hecho de que la señora aprovechara el momento para “robar” mis pañuelos, pero no dije nada pues pensándolo un poco: Yo estaba haciendo en cierto modo lo mismo con esos lentes.

Tomé la funda y verifiqué su contenido: Aun estaban ahí dentro.
Le dí las gracias a la señora y miré de soslayo a la otra señora mientras se sonaba la naríz con uno de mis pañuelos.

- Bah… solo son unos pañuelos. – dije para mi.
- Y son desechables – me dijo la señora.
Nunca supe si se estaba burlando de mí o que. Salí nuevamente de la biblioteca y miré al cielo. Estaba oscureciendo.


La probabilidad de que siguieran saliendo los camiones a esa hora era mínima, así que tomé la avenida principal y comencé a caminar.

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Habían pasado ya más de 40 minutos y yo solo había aprendido que el libro que tenía conmigo no me ayudaría a entender por qué esa pesadilla, (aun después de tantos años) continúa persiguiéndome.


El camión arribó, subí a él y tomé asiento, siempre me siento del lado de la ventana, me gusta ver “la vida” pasar a mi costado, esta vez no fue la excepción.

Vi de todo, niños correr, hojas caer, charcos formandose por la lluvia, parejas caminando de la mano… De pronto vi algo conocido: la puerta de mi casa; me levanté corriendo, creo que golpeé accidentalmete a un pasajero, no me importó, corrí a la puerta del frente (tenía una tremenda fobia a bajar por la parte trasera del camión), dije “gracias” al chofer, bajé y entré a mi casa.

Prendí la luz de la sala, y fui a secar lo poco que la lluvia había dejado sobre mi; decidí tomar un baño para después ir a la cama, lo cierto es que ni siquiera había oscurecido pero fue un día algo extraño y no quería otro “accidente”.

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450, 451, 452… 45? ¡Plas!.

Me perdí en el número de pasos. Cuando mi mente divaga en todo y nada en específico, comienzo a contar el número de pasos que me toma llegar a mi destino. En esta ocasión, mi cuenta se vió interrumpida al pisar accidentalmente un charco. Había charcos en las calles ¿acaso había llovido?. Miré detalladamente para confirmar mi pensamiento. En efecto, todo estaba mojado menos yo. Al parecer durante mi pequeña siesta en la biblioteca había llovido.

Me gusta la lluvia, pero en esta ocasión me sentía contento de no haber estado bajo ella.


Retomé mi caminar, orgulloso de no estar mojado. Pero el gusto me duró poco. Al dar vuelta en la esquina, un automóvil pasó muy rápido y me salpicó todo. Lo primero que pasó por mi mente fue una maldición tamaño continental… que no pude decir por tener la boca llena de agua.

Hecho sopa (como dirían mi madre y mi abuela) seguí caminando. La gente reía al mirarme. Lo único que no me habría perdonado en ese momento es traer conmigo un libro y que se hubiera mojado. Afortunadamente en esta ocasión no traía uno conmigo.


Metí mis manos a los bolsillos de mi pantalón. De un lado encontré mis llaves, del otro la funda de los lentes. Comenzé a juguetear un poco con las llaves pero me aburrí pronto.

Recordé que cerca de mi casa se encontraba una óptica. Por un momento, pasó por mi cabeza la idea de llevar a reparar los lentes. Era lo menos que podía hacer… pero ¿valdría acaso la pena? ¿su dueño acaso los recuperaría reparados? o solamente ¿gastaría mi dinero sin sentido?.

Nuevamente decidí dejar esa respuesta para después y continué mi camino a casa.


- ¿Qué te pasó? – me preguntó una vecina que estaba barriendo agua fuera de su patio.
- Se incendió mi ropa y los bomberos me hicieron el favor de apagarla – le contesté sarcásticamente.
- Madre santa mijo, seguramente te la encendiste con un cigarro, ¡ay ay! estos jóvenes adictos de hoy día – dijo ella.


- Yo no fumo. – respondí de mala gana y abrí la puerta de mi casa.

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Sali del baño, me puse la pijama, tomé el libro que estaba en la mesita de la sala y fui a recostarme; aún tenía la esperanza de encontrar la respuesta a las interrogantes que me atormentaban por la noche.
No hicieron falta más de 15 minutos de lectura para verme completamente sola e insegura en ese pasillo sin fin, abriendo una puerta más que, como siempre, me llevaba a una habitación vacía, sin luz, sin sonidos, incluso parecía que el aire faltaba ahi… no podía respirar.

Salí de aquella habitación solo para volver a ese enorme pasillo… ¿Algún día cambiará?

Estoy segura que solo ahi puedo sentirme tan vulnerable, tan pequeña, tan indefensa, tan… tan… tan perdida.

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Capítulo Uno.

~ Ilse & Alfred ~

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Un accidente fortuito

1 agosto, 2010 at 17:06 (Uncategorized)

Idea original: Ilse

Desarrollo: Ilse, Alfredo

Edición: Alfredo

PD: La historia, habla de dos chicos.

Ella: Morado. Él: Verde.

~

Cerré el libro. No podía más.

Llevaba ya varias horas en la biblioteca tratando de encontrar un dato perdido en el tiempo. ¿Alguna vez te ha sucedido? A mi me pasa frecuentemente. Algo me viene a la mente, un destello de algo… sin saber ¿qué es?.

Acudo siempre a la biblioteca, tomando un tomo al azar de los gigantes estantes polvosos. Después de leer un poco encontraba lo que estaba buscando, aunque no tuviera nada que ver con el libro. Pero las hojas, la tinta, las tapas… lograban hacer que mi mente recordara ese pequeño detalle que buscaba.

Por eso, la biblioteca era mi sitio favorito desde que era un pequeño niño.
¿Cuántos años llevaré acudiendo a la biblioteca? No lo sé.

Quizá desde el momento en que mi madre me dijo que había más libros fuera de casa… que no detuviera mis horizontes… que no me limitara a un par de paredes con libros de estudio.
Encontré el viejo edificio cruzando el parque. Realmente me quedaba bastante cerca si consideraba los estudios… pero en realidad, del lugar donde vivía no podía decir lo mismo. La necesidad de tomar un camión para ir a ella, era -en ocasiones- una desagradable razón para no ir.
En contadas veces, cuando estaba enojado por algo, salía de casa y corría como nunca, hasta llegar a la biblioteca. La primera vez que logré esa hazaña, yo mismo no lo creía. Pero en cuanto abrí el primer libro para distraerme, había olvidado ya el motivo de mi enojo.


Durante los últimos meses, había notado que había más gente de mi edad (o al menos eso quería creer) frecuentando la biblioteca.
Por un instante, me percaté que una mirada se entrelazaba con la mia.

Un fugaz instante, un accidente fortuito… Pero no lo noté hasta varios minutos después…
Enmimismado en mi lectura, pasé los ojos por esa mirada… sin darme cuenta que me observaban. Seguí leyendo, y para cuando mi cerebro procesó lo que había sucedido… ya no había nadie ahí.

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No era un buen día, incluso la noche anterior se vió atacada por la pesadilla; ésa que apesumbra mis sueños, de la que no puedo escapar… los pasillos infinitos, las puertas que no llevan a ningun sitio, ¡¡millones de salas vacías!! ¡¡Ya Basta!!

Desperté.


Mientras empezaba mi día traté de averiguar el porqué de esa pesadilla, odio que aparezca pero a veces, cuando llega de puntillas en las noches, me hace descubrir lo mucho que ignoro de mi propio ser.

Después de desayunar mi cabeza maquilaba más de 100 ideas para aclarar mis dudas… dudas, dudas, dudas, ¡¡respuestas!!
Necesito respuestas pero dónde buscar…
Internet? no sé si es confiable.

Abrí un blog, “El significadode tus sueños” … basura… no sirve.
Salí, caminar siempre me ayuda a despejar mi mente; vi a una joven fumando, siempre he pensado que hay algunas personas que adquieren cierto estilo mientras fuman, jamás fumaría…
A mi lado pasaron dos pequeños corriendo, me encantaría que mi vida volviera a esos instantes cuando la decisión más difícil era “escondidas o atrapadas”pero incluso en aquellos tiempos existía la pesadilla…
Cercano a mi estaba un “cuentacuentos”, los niños observaban extrañados sus movimientos, debo admitir que soy una profunda admiradora de estos personajes.
Y él hizo que olvidara todo, me atrapó en su historia, las voces, los juegos
y recordé una tarde en la que mi tío me hizo un regalo sin razón aparente, un libro, el mejor regalo que alguien pudo hacerme a mis ocho años.
Los libros siempre me sacaban de este mundo, me ayudaban a crecer y si he de admitir, han transformado mi vida entera.

Entonces… ¿por qué no buscar ahi mis respuestas?.

El cuentacuentos terminó y yo ya tenía un plan en mente: entrar a la primera biblioteca que se cruzara en mi camino en busca de respuestas.


¿Llegué a ella o llegó a mi? Supongo que fue uno de esos accidentes fortuitos; entré.

No sabía donde buscar.

Empezar por psicología fue lo que tenía más sentido, me acerqué a hojear los libros pero soy un poco distraída, no pude evitar notar que había chicos de mi edad en aquel lugar y que realmente iban por gusto, mientras mi mirada recorría la estancia pude notarlo, él leía sin distracciones, no alzaba la mirada, quería acercarme pero… volteó y por un segundo nuestras miradas se cruzaron.
Mme sentí ruborizada, cerré el libro que tenía entre las manos y me alejé de aquel lugar, pensando.

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Observé la portada del libro que tenía en las manos. Era solo una tapa de piel sin título. Curioso… ¿había estado leyendo un libro sin título?. Me levanté y traté de evocar en mi mente la imagen de la mirada que me había distraido. Como si el cielo quisiera ayudarme, sentí algo similar a lo que conocemos como regresión, pude identificar el lugar donde habría estado sentada esa persona.
Había algo ahí, una funda lila de piel. Dentro traía un par de lentes. ¡Oh! seguramente debió olvidarlos

Giré sobre mi eje tratando de identificar a alguien en especial. Pero en realidad era una tontería, pensándolo un poco ¿quién usaría lentes en una biblioteca?

La respuesta era tan obvia que me sonrojé. Dudé entre dejarlos ahí por si esa persona regresaba, o llevarlos a la recepción. Tomé la segunda opción y caminé distraido hacia la salida.
Aun traía en mis manos el libro de tapa sin título. Observé su lomo… ¡Pum!
Mi distracción provocó que chocara con alguien más. Levanté la vista: Una chica.

- ¡Lo lamento! – le dije. Pero pareció no escucharme. Se levantó y siguió su camino como si nada hubiera sucedido. Traté de apoyarme sobre la palma de mi mano derecha para levantarme, pero algo se enterró en mi brazo. Un leve crujido me hizo sentir que el dolor en mi brazo no era nada comparado con el lío en que acababa de meterme.
Me senté en el suelo y sustraje el contenido de la funda lila.

Había roto los lentes.

Presa del pánico voltee para todos lados, tratando de notar alguna miradilla curiosa. Nada… parecía que a nadie le interesaba el que alguien estuviera tirado en el suelo con unos lentes rotos en la mano izquierda mientras sangraba del brazo derecho.

Pude al fin levantarme. Un pequeño niño se acercó a mi y tiró de mi pantalón mientras me dijo:

- ¿Estas bien? yo vi cuando te caistes. -
-Caiste pequeño, caiste – le dije sonriendo.
-No yo no, tú! – me dijo él.
Levantó del suelo el libro y me lo tendió antes de salir corriendo.

Seguí la trayectoria del pequeñín, y entonces, detrás del umbral de la puerta observé un sueter que llamó mi atención. Era del mismo color que la funda de los lentes…

Un incómodo sonido comenzó… la alarma de robos de la biblioteca.
Antes de poder darme cuenta de lo que sucedía, un par de brazos fuertes me detuvieron.


Había salido de la biblioteca con el libro sin título.

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Tenía tantas cosas en mente, fui a solicitar el debido préstamo del libro, entre más rápido saliera de la biblioteca sería mucho mejor; la señorita era lenta o yo estaba desesperada, no lo sé, ¿por qué la gente no puede ser más eficiente?.

Sentí una mirada y volteé, había un pequeño a mi lado, parecía perdido y le pregunté si podía ayudarlo; respondió:

- No gracias, estoy haciendo fila.-

Me sorprendió la seriedad del pequeño, parecía tan seguro de todo hasta que preguntó:

- ¿Tú que venistes a sacar? – sonreí al notar su error y traté de corregirlo en vano.

Por fin la señorita me entregó el libro y pude escapar, sí, escapar de ahí.
Pero tras salir de la biblioteca me sentí más ligera. Tiendo a olvidar hasta dónde tengo la cabeza, empecé a revisar si traía todas mis cosas : cartera, sí; llaves,sí; celular, sí; lentes… lentes…


¿Dónde estan mis lentes…?


Entré en pánico y presa de él me paralicé; me encontraba tan perdida en mis pensamientos que realmente me sobresalté al escuchar la alarma de la biblioteca, volteé y… ahí estaba él.

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- Lo lamento! – dije – No lo he hecho a propósito.
- Eso dicen todos muchacho – me dijo el guardia.
Las palabras me abandonaron en ese momento ¿cómo podía explicar los últimos minutos para pretextar mi mala acción?
Dejé arrastrarme de regreso a la biblioteca, olvidando el motivo por el cuál había salido de ella libro en mano. Lo último que recuerdo haber visto en ese momento, fue la cara de una chica afuera de la biblioteca. No supe si su rostro mostraba impresión o un susto. Cualquiera que fuera, seguramente se debía a la impresión de ver a un ladrón de libros… porque, díganme ¿quién es tan cruel como para robar un libro?. Yo no lo era. Pero debía demostrarlo.

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Tan paralizada como me dejó la ausencia de mis lentes pude obeservar como el guardia de seguridad lo tomaba por los brazos y lo llevaba dentro de la biblioteca, no pensaba quedarme a averiguar la razon de esa detención y no pretendía entrar a buscar mis lentes; la única opción: huir del lugar.

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Capítulo Cer0.

~ Ilse & Alfred ~

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Ilse

19 julio, 2010 at 19:44 (Uncategorized)

Una hoja cayendo, una gota de aquella tarde lluviosa, una estrella en el firmamento, esa nube que te invitó a imaginar, una mirada entre la gente, la sonrisa inesperada, la risa inocente de un pequeño mientras juega, los movimientos de una bebé mientras duerme. El silencio, ¿un verso dentro de tus pensamientos?, un sueño, la casa vacía, la espera…

Una caminata, la “soledad”, una lágrima resbalando por la mejilla, un deseo, una palabra de aliento, un abrazo.

Las buenas noticias aderezadas con sonrisas, las malas noticias en las que ofreces tu hombro sin dudarlo y también… las noticias, ni buenas ni malas, simplemente: noticias.

La luna alumbrando esa noche oscura, un relampago en la tarde tormentosa, un botón de flor intentando abrirse paso, un grillo que teme ser pisado, una abeja que se ahogó en un vaso.

Un mensaje de auxilio, una persona que espera mientras cuenta los minutos, pensamientos amorosos y unos más de suicidio.

Una cafetería llena de gente mientras tomas un café en soledad, un helado para escribir, un momento que alegrar, una vida por vivir para no sólo existir.

Simplemente un momento de escritura automática… yo estuve ahí.

Ilse.

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Inicio…

17 junio, 2010 at 18:15 (Uncategorized)

Después de abandonar el blog por… cuatro meses… he aquí el regreso.

~

Estás ahí de pie, la ansiedad no te permite sentarte; esperaste tanto tiempo y… por fin sucedió. El teléfono sonó y aunque tú no lo esperabas, ahí estaba él al otro lado del teléfono con esa voz que te roba el aliento; apenas lo podías creer, todo parecía (incluso) un sueño, rogabas dentro de ti para que no sonara el despertador pero, esto, después de tanto esperar: era real. Te llamó para invitarte a salir; suspiraste tras colgar el teléfono y caíste rendida en el sofá  sin nada más que una idea en la mente “él” y con un poco de imaginación “él pensando en ti”.

Te levantaste para encender las bocinas de tu mp3 y así, con ayuda de la música, poder sumergirte en tus pensamientos de nuevo. No querías adelantarte a nada para no desilusionarte después pero tu cabeza, tus sueños, tu capacidad para crear y sobre todo tus deseos te traicionaban, inventando todo un escenario, creando conversaciones que aún no sucedían, sembrando las palabras que tanto esperabas escuchar con “esa” voz; y justamente así, creando, te quedaste dormida en la alfombra donde disfrutabas imaginar, la música de fondo acompañaba tus delirios añadiendo el sabor perfecto. Cualquiera que te viera dormir tendría por seguro que eras feliz en tus sueños pues una inocente sonrisa invadía tus labios y tus ojos, con seguridad, desprendían un brillo inmenso tras tus párpados todavía cerrados.

Querías caminar, reír, hablar, y saber que solamente tú ocupabas su mente, sus sueños , sus ideas.

Pero ¡hey! ¡cuidado! Los sueños, sueños son. Lo comprobaste al oír el molesto ruido intermitente que anunciaba la hora de confrontar la realidad.

La mañana apenas comenzaba, la música que no habías apagado en la noche aun sonaba, bailando llegaste a la regadera pues pensabas que un buen baño es la mejor manera de empezar un día además así podrías aclarar tus ideas.

El agua recorría tu piel desnuda mientras deseabas que algún día  fuesen sus cálidas manos las que lo hicieran.

~

Ilse

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Solo palabras…

28 febrero, 2010 at 21:54 (Uncategorized)

Después de un  rato de haber abandonado el blog he aquí algo que salió en escritura automática…

Me atraparon tus palabras, esas, que siempre me hicieron sentir bonita, especial, única.

Después, fueron las palabras que prometían amor eterno las que me llevaron a entregarte todo lo que tenía.

Seguías repitiendo palabras tan bellas e hipnotizantes y ellas me mantuvieron a tu lado sin temor alguno; tus palabras lograron que confiara en ti, al grado de depositar en tus manos la más valiosa de mis posesiones.

Un día tus palabras me levantaron del suelo y me dieron fuerza para seguir adelante pero… el tiempo paso.

Y llego el día en que dijiste muchas palabras que no quería escuchar, lo peor fue que no parabas de repetirlas; sin embargo, ellas, tus palabras me prometieron que seguirías ahí siempre para mí.

Después tus palabras ya no fueron para mí. Eran las mismas, no cambiaron, siempre las usas como un guión y con ellas tejes una red de la que cuesta escapar.

Hoy tus palabras se acomodaron de una forma muy peculiar, están sobre sus antecesoras y, cambiaron todo el concepto de la persona que creí que eras.

Hoy tus palabras dicen la verdad y muestran lo que siempre hubo detrás de ellas porque, a final de cuentas sólo son palabras.

Ilse

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Reencuentros

4 febrero, 2010 at 02:32 (Uncategorized)

Esta entrada inaugura el blog por lo que creí debía ser muy especial y quien mejor para inspirarlo que una de las mujeres más importantes en mi vida…

Espero les guste y gracias por leer :)

~

Te ví ahí, de pie en la puerta de la casa y los recuerdos invadieron mi cabeza, hace ya casi 13 años desde que en el mismo lugar te acercaste y dijiste “Hola” con una sonrisa tan sincera que solo pueden esbozar los niños;  te respondí de una manera algo tímida pues eras la primera persona en darme la bienvenida a este, mi nuevo hogar.

Poco después te alcancé en la calle para jugar un momento, me presentaste a tus amigos y no hizo falta nada más nos volvimos cómplices de juegos y conforme fuimos creciendo y cambiando los juegos nuestra amistad crecía, compartíamos secretos, sueños, ideas.

Recuerdo como siempre encontrabas el modo de hacerme sonreír cuando las cosas iban mal ó aquella vez que entrando a tu casa te encontré llorando por quien en ese entonces era el amor de tu vida.

Fueron muchas las ocasiones en que buscabamos en los lugares menos pensados de nuestras casas esa moneda, la que siempre hacía falta para poder ir a la cafetería que estaba a unas calles del retorno.

Los chicos  fueron y vinieron pero nunca nos hicieron olvidar que cruzando la calle había alguién esperando para escuchar, aconsejar o ir a comprar dulces.

Aún me río cuando recuerdo la vez que regresamos muy cansadas y hambrientas y con tan solo $6.50 de presupuesto logramos conseguir una comida para dos y con postre.

Ah que tiempos aquellos…

Desafortunadamente el tiempo siguió su curso y fue inevitable nuestra separación, ya no vivimos la una enfrente de la otra y ahora es más difícil correr a tu puerta cuando algo sale mal, sin embargo sé que pase lo que pase siempre estarás ahí,  prueba de ello fué verte de nuevo en mi puerta diciendo “¿Puedes salir?”…

Corrí, abrí la puerta y te saludé con un fuerte abrazo, subimos a tu auto y comenzó nuestro camino.

~

Dedicado a Dulce
¡Gracias por todo!

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